martes, 15 de septiembre de 2009

Religión, filosofía, y física cuántica.


Creo que fue el actual Dalai Lama el que dijo algo parecido sobre “la persona es la parte de la mente que observa su rabia”.Tal vez esta sea una respuesta del porque pensamientos molestos sacuden la mente. Otra idea sobre tal molesta situación es analógica a la cosmogonía de los antiguos griegos “el caos se estabiliza poco a poco a través de cronos”. El tiempo hace que se realice como una especie de digestión mental. La potencia de tal deglución psíquica equilibrada es la discreción. Sin discernimiento, el desconcierto crece.

El miedo, sin motivos de peligro evidente, como participar en una guerra, el ataque de un extraño, un incendio en el edificio donde uno vive, es superfluo, salvo que al día siguiente el individuo prevea, que es probable no tenga nada para alimentarse.

La mayoría de las veces, lo que llamamos vulgarmente “nervios” son deseos ilusorios frustrados, presiones ajenas de otras personas o propias, la prisa continua, el mal humor, son manifestaciones del miedo. A veces el desasosiego también nos llega por un desequilibrio químico, por ingerencia de sustancias nocivas, café, té, alcohol y otras de índole más dañino como drogas, incluso una mala medicación es causa de turbación.

El bien estar del hombre no pasa por poseer grandes riquezas, incluso en un campo árido se puede obtener una vida respetable. El sufrimiento viene del deseo y la ignorancia. Esto ya lo dijo Buda en su sermón de Benarés, una ciudad de la India, allá por el siglo VII a.c., me refiero al sufrimiento espiritual o mental, el que produce ansiedad e insatisfacción, no al natural: enfermedad dolorosa.

Para alcanzar la estabilidad interior y evitar el temor el Budismo propone el conocimiento, la compresión, y la experiencia de:

"Śūnyatā", o shuñata (sánscrito) es, en el marco de diferentes filosofías orientales, lo carente de realidad, sin entidad, lo que no es, lo insustancial, lo deshabitado, lo vació, la vacuidad, la vaciedad.

El término sáncrito śūnyatā (en palí: suññatā) es un sustantivo formado a partir del adjetivo "sūnya" (en pali: suñña), 'vacío', y la terminación tvā: ‘cualidad'. Es decir: calidad de lo vacío.

Śūnyatā significa que no hay nada que posea una esencia individual y, por tanto, que todo está vacío, sin una realidad independiente. Todo lo que existe está relacionado y es interdependiente, y la aparente pluralidad de individualidades es un carácter ilusorio de nuestra existencia.

Esta ignorancia primordial de la verdadera naturaleza de la realidad es, por tanto, no experimentarśūnyatā como la verdadera naturaleza de la misma. Cuando esto es posible, es precisamente lo que se llama el "despertar o iluminación" en el Budismo.

Cabe destacar que el concepto de śūnyatā nunca implica que la realidad no exista, no equivale al cero o a una ausencia total. No es sinónimo de Nihilismo.

Este concepto fue muy desarrollado filosóficamente a partir de la noción de la no existencia de individualidad y la explicación del surgimiento dependiente. Es una pieza central de toda filosofía budista, de manera que toda enseñanza sobre la naturaleza de la realidad se desarrollará a fin de ayudar a comprender qué es esa vacuidad.

Para el Buda, si todo cambia entonces no puede haber una entidad permanente en el ser, de ahí An-ātman (En palí: Anattā) Insustancialidad. No-yo. Ausencia de un alma. Insustancialidad. Carencia de un “yo” perdurable. Carencia de una existencia intrínseca). El Budismo afirma que nuestra idea sobre la existencia de nuestro "yo" es en realidad una idea falsa, que surge sobre lo que no es más que una colección temporal de numerosos procesos dinámicos interdependientes y condicionados en constante cambio. De estos procesos surge la conciencia así como la noción de ser una individualidad. Lo que indica que la “vacuidad-sunyata” es un sinfín de creatividad, potencia, habilidad y actividad.

La expresión latina horror vacui (literalmente ‘miedo al vacío’) se emplea en la historia del arte, especialmente en crítica de la pintura, para describir el relleno de todo espacio vacío en una obra de arte con algún tipo de diseño o imagen. Es una de las características generales del embaldosado matemático o de los densos campos de relleno en los diseños entrelazados celtas.

Algunos ejemplos de horror vacui pueden verse en objetos bárbaros tales como el barco vikingo de Sutton Hoo o la cruz de Ruthwel. También es característico de la estética del Barroco y especialmente del Rococó, así como en la decoración islámica y en el lujo ostentoso del arte bizantino.

En física el horror vacui, proviene del análisis de la opinión «La Naturaleza aborrece el vacío», sostenida por los aristotélicos, fue una de las discusiones clave de la revolución científica del siglo XVII, para demostrar que el vacío, espacio ausente de materia, la nada, existe.

El año pasado se puso en marcha el acelerador de hadrones en el subsuelo franco-suizo, cuyo objetivo es la búsqueda del bosón de Higgs (La partícula es un cuanto de uno de los componentes del campo de Higgs que permearía el universo entero. En un espacio vacío, el campo de Higgs adquiere un valor diferente de cero que permanece constante en el tiempo y en todo lugar del universo).

Por lo tanto ¿Es el Campo de Higgs el Motor Inmóvil de Aristóteles? ¿Es el Campo de Higgs el Sunyata budista?

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